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    A partir de su ingreso a la Organización Mundial de Comercio, China ha efectuado avances significativos en la apertura de su mercado a los productos y servicios externos. Las tarifas arancelarias han sufrido desgravaciones importantes, sin embargo, todavía subsisten una serie de condiciones, como las licencias de importación, el sistema de verificación de precios e intrincados mecanismos de distribución, que de una u otra forma continúan afectando el acceso y el incremento de la participación de nuestros productos y servicios.

    A medida que los consumidores chinos ven aumentar sus ingresos y que la comunidad extranjera se expande, el mercado se vuelve cada vez más sofisticado. La característica esencial del mismo es su inclinación a las marcas internacionalmente reconocidas, a la imagen país, y al precio. La cadena de intermediación hace que se verifiquen normalmente abultadas diferencias entre los precios de importación y finales. La creciente competencia viene imprimiendo una fuerte presión a la baja en los precios al consumidor que los intermediarios se esfuerzan por trasladar a sus proveedores.

    El poder adquisitivo de la población crece pero en forma dispareja. La brecha entre el ingreso urbano y rural se ha expandido a pasos agigantados, y dentro de las zonas urbanas el sector de mayores recursos aún constituye una ínfima minoría. Es verdad, no obstante, que debido al alto índice de población, aún esta minoría alcanza un número muy atractivo de consumidores. El cambio de una economía planificada a un sistema de mercado ha ido generando una serie de incertidumbres en términos de empleo, cobertura de salud y educación, que preocupan a los habitantes y muy especialmente a los de las grandes ciudades. Por razones de formación, la actual necesidad de cubrir ciertas eventualidades y la presión psicológica que impone vivir y trabajar en ciudades densamente pobladas, una buena parte del ingreso personal se continúa destinando al ahorro, la vivienda, la salud y la educación. En productos alimenticios, los hábitos del consumidor chino y la amplia oferta de productos nacionales marginan sensiblemente a los productos importados. Estos en su mayoría se destinan a satisfacer la demanda de la comunidad extranjera y la incipiente clase de alto poder adquisitivo.

    El desarrollo colosal de la industria doméstica y la afluencia de empresas y productos extranjeros ha hecho que en ciertos sectores la oferta iguale o supere a la demanda.

    Aún así, la demanda de productos occidentales es creciente, especialmente en las grandes ciudades, lo que abre una perspectiva muy alentadora para nuestros exportadores. Debido a que en muchos de nuestros productos enfrentamos la competencia de grandes transnacionales y de empresas provenientes de países con una presencia de larga data en el mercado, la identificación de nichos de mercado y la focalización en aquellos elementos que permitan diferenciar sus productos de los de la competencia, resulta fundamental. Al mismo tiempo, la elección de un importador con un sistema de distribución eficiente es igualmente clave.

    La persistencia de un complicado régimen de licencias de importación obliga a identificar empresas locales debidamente habilitadas. A modo de ejemplo, los supermercados no suelen disponer de tales licencias y el ingreso de los productos a los mismos se encuentra sujeto a una serie de condiciones especiales acordadas con los distribuidores. Muchos importadores, a su vez, no realizan la distribución.

    Los listados de importadores debidamente actualizados y verificados por este Consulado General se encuentran disponibles en esta página web o son proporcionados a solicitud de parte interesada.

    Los gravámenes aduaneros y otros pueden ser consultados en esta página web o solicitados especialmente. Existen, sin embargo múltiples costos ocultos en la cadena de distribución y los importadores aspiran a trasladar los mismos a los exportadores.

    Otro aspecto a tener en cuenta es que gran parte de los negocios se continúan realizando sobre la base de la relación y la confianza personal. En tal sentido, la participación en ferias internacionales resulta fundamental. Varias empresas que han participado en las mismas han captado incluso compradores para terceros mercados. Otra iniciativa que sugerimos especialmente es la de invitar a los importadores a conocer nuestro país y visitar las empresas. El costo de esta actividad es similar al de la participación en ferias comerciales.

    A efectos de desentrañar las verdaderas posibilidades, es recomendable realizar un estudio de mercado con cierta profundidad. Esto puede ser realizado a través de diversas empresas especializadas radicadas en China, y si bien puede implicar un desembolso apreciable para las pequeñas y medianas empresas, les ahorrará infinidad de problemas y mayores costos, al tiempo que les presentará una hoja de ruta bastante confiable.

    La mera información estadística y la somera observación de los indicadores macro son informaciones amorfas para quien desea ingresar a un mercado en constante evolución, con intrincados procedimientos de distribución y sometido a una fuerte competencia. En la actualidad, al influjo del constante crecimiento de la economía y el índice poblacional, todo el mundo compite denodadamente por venderle a China. Sin embargo, solamente aquellas empresas que realizan un trabajo profesional alcanzan el éxito.

    Ante la disyuntiva de tener que realizar una inversión inicial para lograr un ingreso promisorio o permanecer al margen del mercado chino, la primera parece seguir siendo la mejor opción.